Prólogo: El refugio de sus lecciones

Las clases de cine solo pueden ser impartidas por un cineasta que nunca las haya recibido; de lo contrario, repetirá las recomendaciones adquiridas de sus maestros y reproducirá las mismas películas que le han dado como modelo, por tanto el cine, paralizado en una formula estéril, no iría más allá. A diario somos testigos de que los profesores estadounidenses de guión repiten las viejas recetas y nunca han sido capaces de escribir, ellos mismos, una obra digna de ser imitada. El resultado es un cine repetitivo: precisamente lo contrario de lo que nos gusta apreciar. Otro tanto sucede con la literatura: si sólo nos contentamos con aplicar las reglas poéticas, podríamos escribir todo sobre nuestras vidas, pero nunca seríamos capaces de producir un verdadero poema.

Recibir las lecciones de Kiarostami es, en primer lugar, aceptar que jamás podremos realizar las mismas películas que él realizó. Es, por lo tanto, negarse a copiarlo. Cada uno de sus filmes tiene algo novedoso que solo pertenece a él, pero si lo imitáramos se convertiría en algo banal. En otras palabras, un profesor de cine, si es, además, cineasta, puede enseñar “cómo hacer” pero nunca “qué hacer”, esto, debe descubrirlo por sí mismo cada estudiante.

Por lo tanto pienso que Abbas Kiarostami es el vivo ejemplo de un cineasta que a partir de una base muy simple, cercana a veces al documental e inclusive al reportaje, ha sabido trazar un estilo personal que nos asombra desde hace 30 años. Kiarostami conoce el trabajo de aquellos que llamamos los grandes maestros del cine, pero no los imita. Por momentos, hasta nos da la impresión que trata de alejarse de ellos. En cada una de sus películas tal parece que él hubiera acabado de descubrir algo.

Es importante hacer nuestro ese rechazo suyo a cualquier imitación, y si algo debemos captar de esas clases tan precisas que nos imparte, es la fuerza que le ha permitido renovarse sin cesar, atravesando dificultades de toda índole, realizando sus películas con limitados medios técnicos y financieros. De él debemos tomar sus lecciones de audacia, y sobre todo sus lecciones de rechazo a la copia en sí.

No podemos seguir trabajando incesantemente sobre los mismos estilos: sorprendámonos, exploremos nuestras posibilidades de expresión hasta lo más profundo y secreto de nosotros mismos: ahí está la verdadera lección de Kiarostami, y es nuestra responsabilidad recibirla, entenderla y nutrirnos de su ejemplo para encontrar así nuestra individualidad, nuestra necesaria singularidad, que es, definitivamente, la que nos hablará a todos.

Jean-Claude Carrière

Mayo 12, 2013

Advertisements